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El petróleo barato no frena el déficit

El petróleo barato no frena el déficitLa Argentina deberá seguir importando energéticos porque la reactivación aún está lejos

Pese al denodado esfuerzo de muy pocas petroleras para revertir la declinación en la producción de gas y petróleo, durante 2014 el gobierno nacional debió desembolsar de sus arcas para cubrir la demanda local de energéticos casi 11 mil millones de dólares. Las cifras, dadas a conocer por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), precisan que debido a las importaciones Argentina sufrió un déficit de 6.243 millones de dólares en la balanza comercial energética durante el año pasado.

Las importaciones de combustibles, lubricantes y energía llegaron así a los 10.903 millones de dólares, un 4 por ciento menos que en 2013, y representaron el 17 por ciento del total de compras al exterior.

Por su parte, las exportaciones del mismo rubro representaron 4.660 millones de dólares, con una baja del 18 por ciento en la comparación interanual y llegaron al 6 por ciento del total de exportaciones anuales.

En 2013 el déficit energético en la balanza comercial había sido de 5.684 millones de dólares.

Algunos analistas creen que la mayor incidencia de las importaciones y la baja pronunciada en el precio del petróleo podrían reducir ese déficit durante 2015, pero en el mercado petrolero mundial proyectan una recuperación en la cotización del crudo para el segundo semestre del año.

Obviamente, esta coyuntura provocó daños colaterales en el mercado local.

A mediados de junio de 2014, el petróleo cotizaba en el mercado neoyorquino a 107 dólares el barril, mientras que en la primera quincena de enero tocaba un mínimo de 45 dólares el barril.

El gobierno nacional, como para evitar una merma en los niveles de producción, proyectó para el mercado local un barril a 77 dólares para aquellas empresas que logren mantener e incrementar sus niveles de producción.

Esta medida no ayuda a empresas que destinan parte de su producción a las exportaciones, dado que cuentan con un crudo como el Escalante -de menor calidad que el Medanito que se produce en la cuenca neuquina- por lo que el gobierno nacional está buscando una fórmula que permita hacer viable el negocio y que a la vez no generen una pérdida en las regalías hidrocarburíferas que perciben las provincias de la cuenca San Jorge.

Por el momento, los 77 dólares que abonará el gobierno nacional sostienen la actividad y desarrollo de los recursos no convencionales alojados en la formación Vaca Muerta. El propio titular de YPF, Miguel Galuccio, había precisado que con un barril de 75 dólares el proyecto era viable.

Pero el negocio es viable para los que están y no significa que habrá un desarrollo masivo ni desembarco de nuevos actores, aprovechando la oportunidad de un barril local de 77 dólares contra un externo que fluctúa en los 46 dólares.

La exploración y desarrollo de un pozo demanda muchos meses, y en este contexto lo que falta es previsibilidad, una condición sine qua non de las petroleras para invertir.

Además, se están esperando algunas señales de Arabia Saudita, que con nuevo rey no planea en lo inmediato cambiar su política de mercado.

Para tener una idea del nivel de producción y su peso en el mercado petrolero mundial, Arabia Saudita extrae por día casi 1,5 millones de metros cúbicos (9,6 millones de barriles), mientras que Argentina produce unos 86 mil metros día. Es decir que Arabia en 20 días extrae todo lo que alcanza Argentina en un año.

Desde el año 2000, el reino saudí ha invertido decenas de miles de millones de dólares para convertirse en el único país con una reserva viable de capacidad de producción de tres millones de barriles diarios (mbd). También ha aumentado su capacidad de refinado a 5 mbd y ha desarrollado su producción de gas natural.

Aprovechándose de la inestabilidad de otros países de la OPEP (Irán, Irak, Libia, Nigeria…), el reino ha aumentado su producción de los 8 millones de barriles diarios en 2011 a su nivel actual de 9,6 millones, y no parece dispuesto a reducirlo.

Los precios y la elevada producción le han permitido disponer de un sólido colchón financiero de 750.000 millones de dólares. El subsuelo saudí esconde la segunda reserva mundial de crudo (266.000 millones de barriles), por detrás de Venezuela, y la quinta reserva mundial de gas natural (9.000 millones de m3).

Pero después de una década excepcional, el reino lucha por defender su cuota de mercado y su liderazgo ante los productores no convencionales y no miembros de la OPEP, pues el 90 por ciento de los ingresos públicos proceden del petróleo.

Bajo la presión de Riad, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) decidió en noviembre mantener su producción sin cambios, acelerando la caída de los precios a niveles de después de la crisis económica de 2008. Los precios cayeron 50% entre junio y diciembre, golpeando a las pequeñas empresas que se lanzaron a desarrollar los no convencionales en Estados Unidos, alentados por los precios y por el perfeccionamiento del método del fracking.

Entre 2005 y 2014, Estados Unidos redujo las importaciones netas de crudo de 12,5 millones de barriles diarios a 5 millones, principalmente debido al aumento de la producción de petróleo y gas de esquisto o no convencional.

La institución petrolera saudí se siente de alguna forma amenazada por el hecho de que Estados Unidos produzca ahora de media más de 8 millones de barriles diarios y limite sus importaciones.

Por primera vez en 40 años, Arabia Saudí, que bombea una décima parte del suministro mundial de petróleo, se ha negado a tomar medidas para estabilizar el mercado, invocando razones económicas.

Ya lo dijo el ministro saudí del petróleo Alí Al Nuaimi: “Si lo reduzco, ¿qué pasará con mi cuota de mercado? Los precios subirán, pero los rusos, los brasileños y los productores estadounidenses de petróleo de esquisto se harán con mi parte”.

El nuevo rey Salman confirmó el viernes pasado que no habrá cambios en la política petrolera saudí.

En medio de esta tormenta, Petrobras sigue lidiando con su corrupción interna. La petrolera estatal brasileña aún está calculando la dimensión de las pérdidas que ha sufrido por la corrupción y el volumen de los recortes en las inversiones que realizará por sus problemas financieros.

Las informaciones señalan que la compañía descontaría de su balance del tercer trimestre del año pasado unos 3.850 millones de dólares.

Pero se le debe adicionar la posibilidad de que la empresa recorte sus inversiones previstas en un 30 por ciento. Por ahora, la petrolera solo aclaró que está revisando su planificación para 2015 y que está tomando medidas para “hacer viables” sus proyectos sin la necesidad de pedir nuevos créditos en el mercado, lo que incluye la “reducción del ritmo de inversiones”, la “revisión” de estrategias de precios y productos y la disminución de los costes operacionales, entre otras medidas.

Nadie sabe, si este recorte se transformará en un freno a las inversiones previstas en la cuenca neuquina.

 

Por Por Alfredo Vigil – La Mañana de Neuquén

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